miércoles, 8 de febrero de 2017

Número 150. Patria. Entre unos y otros

Vargas Llosa, la gran vaca sagrada de las letras hispanas, no podía faltar en la serie de opiniones «oficiales» y favorables a Patria, para lo que publica en El País un artículo titulado «el país de los callados». Aparte de poner la novela por las nubes y alabar a su autor, como corresponde, se permite destripar el desenlace con un párrafo que a mi me deja un gusto amargo y me sube algún entero en mi desestima por tan prestigioso autor. 

No lo cito a propósito, el que tenga interés que vaya a buscarlo, pero no me parece muy edificante que Vargas Llosa tenga esa visión tan caínita de los vascos, y por extensión de la humanidad, incapaces de fundirnos en un abrazo sincero. 

Para rematar la faena oigo por la radio que Rajoy, que no sé si ha llegado a leer la novela entre página y página del Marca, también recomienda Patria, así que con semejantes recomendaciones estoy por desleer lo leído. Menos mal que en su momento otros más fiables fueron los que aconsejaron.

Sigo echando de menos, no obstante, en este tropel de críticas y comentarios alguno que venga desde dentro del País Vasco, de esos vascos de a pie que por fuerza tienen que ser el fondo y el paisaje de la novela, de grandes y pequeñas ciudades, obreros y estudiantes, abogados, algún periodista de segunda fila... Supongo que llegarán.


Vista de La Arboleda (Vizcaya) con banderas del Atletic y de acercamiento de presos en los balcones
La Arboleda (Vizcaya)
Mientras tanto, y no decidiéndome por criticar las excesivas cursivas del texto, recuerdo que decía por algún lado el profesor Ojeda, director de la tertulia literaria a la que va dirigida este comentario, que un buen libro es aquel que te lleva a otros, y puesta a ver las cosas desde dentro me zambullo en la relectura de Euskal Poesiaren Antologia, que como su nombre indica es una antología de la poesía vasca contemporánea, prologada y seleccionada por Iñaki Aldekoa y publicada por Visor en 1991. 

Allí, en textos paralelos con el original en las páginas pares y la traducción al castellano en las impares, voy pasando por los sentimientos de algunos vascos —y aquí sobraría el vascas, porque lamentablemente no hay mujeres en la antología— que supieron poner en verso sus sentimientos ante la vida.

De ellas extraigo Demboraren Marka (La huella del tiempo) de Mikel Lasa con traducción de G. Markuleta).  


Ene biziaren tristeziazko
sinoak
zeinek bait du urtean zehar
biziaren hari guztia kolorazten
zeinet bait du ene argeiaren eskultura
behara zimurrez markatzen. 

Itsas-ontzi aintzinako kobrearen metal zaharrak

es du ene itxura tristearen tristura
eta plaia-hondar.hustuak udakenan
ez du ene etsipenaren zapore garratza.

Tamariza eta pikindaoak 
nere haurtzaroko izarotik
denak erroz desustraituak izan dira denak!
Izagak soilik haizeari buru emanaz
tristeziazko salmoak
murmurazen dituzte
ipar-haizearen eraginez ta berresaten: 

«Oi gure denbora hunen desolamentua!»
El triste sino de mi vida
que a lo largo del tiempo
da color al hilo de mis años
cincela los perfiles de mi rostro
con surcos verticales 
y rodea con un halo de desaliento mis ojos.

El cobre avejentado de las barcazas antiguas
no tiene la tristeza de mi rostro sombrío.
La playa en otoño, despoblada de arena,
no guarda el gusto amargo de mi desesperanza.

Tamarindos e higueras
arrancados fueron todos de raíz
del islote de mi infancia.
Solo los juncos se enfrentan al viento
y murmuran tristes salmos
fustigados por el cierzo y repiten:

«¡oh desolación de nuestro tiempo!».

4 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

No puedo estar más de acuerdo contigo.
Vargas Llosa no hace bien destripando el final de la novela. Lo de su escepticismo, es suyo.
Y sí, también faltan por expresar sobre el tema las opiniones de personas menos significadas. O de que se dé traslado de estas opiniones. ¿Tiene algo que ver con que todavía es un tema caliente en la vida social vasca cotidiana? No lo sé, desconozco personalmente este dato.
Otra cosa, aparte del tema, es la calidad literaria de la novela, que es indiscutible. También que la forma en la que está escrita es muy atractiva para el público especializado y para el público en general.
También me gusta que cites una de las condiciones de un buen libro: que te lleve a otros libros. Quien quiera conocer cómo abordaba Fernando Aramburu este tema antes de Patria, que busque Los años lentos.

La seña Carmen dijo...

Si hemos de fiarnos de los resúmenes (por ejemplo este: http://www.quelibroleo.com/anos-lentos), parece que en Patria repite algunos de los tópicos que ya había tratado en ese libro que recomiendas: hombres débiles, mujeres fuertes y muy religiosas, los curas haciendo de las suyas..., pero como dicen los ingleses no juzguemos un libro por sus tapas.

Abejita de la Vega dijo...

Leí Los años lentos el fin de semana pasado. Se ambienta en los años sesenta, en los primeros tiempos de ETA. Son dos voces: la de un niño huérfano que escribe al novelista y los apuntes en bruto del mismo. Está ambientada en San Sebastián pero hay muchas referencias a Navarra.Es mucho más corta que Patria y responde a ese esquema en lo que se refiere a mujeres duras y curas que hacen de las suyas. Me gustó. El niño tiene algo de Lazarillo.

Vargas Llosa no tiene derecho a destripar por muy Nobel que sea. Estas vacas sagradas se sienten por encima de todo y de todos, tampoco es eso.

Gracias por traernos poesía vasca, intento atrapar su música pero hace mucho que no oigo euskera.

Besos, Carmen.

Ele Bergón dijo...

Ayer te hice un comentario, pero creo que no debió salir, porque no sé a qué tecla del ordenador di.

Te lo vuelvo a dejar, más o menos, te dije que:

Me gustaba mucho el poema traducido que has puesto aquí y que le va muy bien a la entrada y al libro que estamos leyendo, has sabido escoger.

He leído lo escrito por Vargas Llosa, creo que no aporta muchas novedades y me parece que sí le ha tocado la fibra sensible porque quizás él haya sido atacado por otros artículos suyos donde no debían de estar de acuerdo con él. Lo del final, no tiene perdón de dios.

Ya voy por la mitad del libro

Besos